Santa María nuevamente, Octubre de 2012 y un sol que parte la tierra. Los padres Agustinos, Claudio, Juan y Antonio, ubicados del otro lado de la plaza de la municipalidad y del mural de los caminantes variopintos, piensan para su centro cultural una pintura que sirva las veces de escenografía a su salón multiuso de eventos. Una especie de teatro grande, amplio, con butacas plegables y numerosas puertas de dos alas a todo lo largo. El punto de partida, ciertas fotografías conservadas por Antonio de paisajes norteños, que, fundidas en una sola imagen dejaron a todos conformes para comenzar la labor.
Durante la pintada, ensayos de obras teatrales, otros de pequeñas bailarinas, muchas rondas de mates y debates existenciales con el Padre Juan. Otras tantos discusiones sobre cielos de atardecer naranjas o de celeste pleno ( ingenuidad de mi parte, ¡el cielo es celeste!) y la pregunta diaria, casi suplicante del Padre Antonio por los cardones. Los colores vivos, vivos (pensando para mis adentros que si los colores se ponían mas vivos iban a salir corriendo por el escenario). Un mes y medio de trabajo arduo y de viajes diarios a dedo con acompañantes conversadores, hora de la siesta y empanadas en la plaza. Pintura, andamios, cardones, ruta, anochecer, montañas. El último intercambio de huellas antes de pegar la vuelta.



